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TRUJILLO
Al sur de la meseta central, y coronando un pequeño
cerro, que domina una extensa llanura situada entre los dos grandes
ríos extremeños, el Tajo y el Guadiana, en cuyas cuencas
vierten sus aguas los afluentes que recorren su extensa comarca, se
elevan las almenas de Trujillo. Lo primero que se distingue de esta
ciudad, destacando sobre su conjunto urbano, es precisamente la silueta
de su recinto amurallado medieval, que desde lo más alto eleva
sus numerosas torres y el castillo árabe erigido en el siglo
X. Un recinto que representa el compendio de las tres culturas que
han dejado aquí su huella: la romana, la musulmana y la cristiana.
Pese a sus ricos orígenes, en el conjunto monumental predomina
la arquitectura de los siglos XV y XVI, particularmente la civil,
con sus mansiones nobiliarias, que le dan carácter a la ciudad,
en muchos casos ligadas a los principales personajes del Descubrimiento
y colonización de América. Todos los accesos de la ciudad
llevan al visitante a la Plaza Mayor. Este impresionante espacio rodeado
de edificios y monumentos, es el centro y punto neurálgico
de la villa. En la Plaza Mayor se encuentran la Iglesia de la Sangre,
de estilo barroco, y la de San Martín, del gótico-renacentista.
En el centro de la plaza se muestra airosa sobre su pedestal la estatua
ecuestre de Francisco Pizarro, obra del norteamericano Charles Rumsey.
El recinto se completa con los palacios de la Conquista, de estilo
plateresco, construido por Hernando Pizarro, y en el que destaca un
artístico balcón de esquina; el de los Carvajal y Vargas,
o Duques de San Carlos, el de Chaves-Cárdenas; el de Piedras-Albas
y finalmente la Casa de la Cadena. Dentro del recinto amurallado se
pueden contemplar las puertas que daban acceso al mismo, tres de las
cuales comunican el barrio antiguo de "La Villa" con la
ciudad moderna: la de San Andrés, Santiago y San Juan.
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